Pasar al contenido principal
Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur

24 de marzo

La memoria es vida: si recordamos no es para que el peso de pasado nos oprima, sino para renovar pactos que nos marquen límites de convivencia que no estamos dispuestos a transgredir.

Una vez más, los argentinos recordamos la toma del poder por parte de las Fuerzas Armadas y el comienzo de la dictadura militar que, en los estertores de su mandato, condujo al país a la guerra de Malvinas.

Desde sus orígenes, la fecha fue resignificada por la sociedad. Durante el gobierno militar, cada año era marcado como un jalón en su “lucha contra la subversión”; los dictadores usaban un espacio público controlado para anunciar sus triunfos y futuras batallas. En democracia, “marchar el 24” fue sinónimo de distintos reclamos: de aparición con vida primero, de justicia después. El paso de los años (más de cuatro décadas) no ha borrado la profundidad de la herida social, pero sí le ha agregado significados a la conmemoración y, sobre todo, ha producido recambios generacionales. La presión social lo transformó en feriado nacional: es el Día Nacional de la Memoria.

Pero la memoria es vida. Por eso es que cada año agrupados políticamente, en familia, individualmente, a través de sus organizaciones sociales, los argentinos evocan el momento en el que probablemente más bajo cayeron en su pacto social: aquel que delega el monopolio de la fuerza y la justicia en el Estado para proteger a sus ciudadanos. Ese pacto fue roto en función de intereses sectoriales y por quienes debían actuarlo: no es comparable ese crimen a ningún otro. La maquinaria estatal puesta al servicio de la persecución y el exterminio.

La memoria es vida: si recordamos no es para que el peso de pasado nos oprima, sino para renovar pactos que nos marquen límites de convivencia que no estamos dispuestos a transgredir, para imaginar futuros mejores y más justos. Con el paso del tiempo, los recuerdos personales se adormecen en la memoria de aquellos más afectados por los acontecimientos de esos días. Ese es un plano intangible que merece todo nuestro respeto y compañía. Pero hay un espacio colectivo que debe ser de construcción, de ampliación de derechos, de imaginar los desafíos del tercer milenio en función de aquello que no queremos repetir.

Discusiones políticas en torno a la fecha son naturales en una sociedad como la argentina, que hizo del pasado un instrumento de discusión. Pero ningún punto de vista puede negar lo evidente: que ese día recuerda el momento en el que desde el Estado, en función de los intereses de sectores sociales específicos, se invirtieron todos y cada uno de los valores de la convivencia democrática.

Federico Lorenz
Director del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur

Experiencia Atlántica